CENTRO ARGENTINO DE EX-BECARIOS DEL JAPÓN
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MI EXPERCIENCIA COMO BECARIA

Paula Rossi Período de la beca: abril de 2005- marzo de 2008 Master en la Universidad de Kyoto Comercio Internacional

Cuando aun estaba estudiando japonés en Buenos Aires recuerdo esperar con ansias la llegada de fin de año, no por la aproximación de las Fiestas o las vacaciones, sino porque uno de los placeres mas grandes en ese entonces era el rendir el Nihongo Noryoku Shiken (Examen Internacional de Aptitutd de Lengua Japonesa). No había otro día del año que condensara tanto la magia de Japón como el primer domingo de Diciembre. El orden, la puntualidad, la prolijidad, la disciplina, los pequeños japoneses con sus mochilas uniformes, las madres con los bentos, el japonés nativo flotando en el aire. Todo gritaba Japón donde quisiera que mirara y el solo sentir que yo también podía ser parte de ese mundo, aunque sea por unas horas, bien valía el esfuerzo del estudio durante todo el año. No creo haberme dado cuenta entonces pero así nació mi fascinación por el Imperio del Sol Naciente. Ya han pasado unos cuantos años desde la ultima vez que rendí el Nihongo Noryoku Shiken y han sido muchos los esfuerzos y muchas las decisiones que he tenido que tomar para estar sentada desde donde escribo hoy. No todas han sido fáciles y soy bien consiente de las cosas que quedaron atrás en Ezeiza, pero aun así aun elijo permanecer en Japón y estoy y por siempre estaré inmensamente agradecida a todos, absolutamente a todos aquellos que me empujaron a llegar acá y que me permiten permanecer. Japón no es como lo había soñado pero, afortunadamente, nada lo es. Si lo fuera, la vida carecería del poder de sorprendernos, seria muy predecible y aburrida. Comencemos por decir que independientemente del país que se trate, ser extranjero no es fácil. Convivir con la lejanía física y temporal de los afectos es algo para lo cual es casi imposible prepararse y es una de esas cosas que no se pueden aprender de la experiencia de otros. Hay que vivirlas para saber realmente como pesan en la soledad de uno. Pero con todo, uno puede someramente imaginarse que esas carencias afectivas estaran, como le pesaran y planeara la mejor manera de sobrellevarlas. Sin embargo, existen otras pequeñas sutilezas para las cuales es prácticamente imposible prepararse. Son esas verdades incuestionables o códigos sociales los cuales uno ni siquiera se da cuenta que maneja y que solo cuando debe interactuar en un entorno donde no son compatibles, las diferencias irreconciliables saltan a la luz. Eso es adaptación. Un proceso que no empieza por si mismo sino que hay que impulsarlo y que, creo yo, no acaba nunca independientemente de los años de permanencia en el exterior. Es un trabajo, no hay duda de eso, y de observar a otros extranjeros conviviendo en mi mismo entorno, creo que el trabajo es doble si la comunión debe hacerse entre occidente y oriente. Nunca creí en las profundas diferencias inter-raciales pero luego de haber vivido en Japón por mas de 2 años y medio, aprendí, no sin grandes esfuerzos, que hay una delgada línea mas sutil de lo visible a los ojos que separa a Asia del resto de los no-asiáticos. Y es justamente esa línea la que hace que el proceso de adaptación sea mucho más exigente para aquellos que no fuimos criados en un entorno oriental. El adaptarse a oriente impone muchos mas desafíos a las mentes occidentales pero a la vez puede llegar a ser extremadamente enriquecedor. Por supuesto que hay muchísimos aspectos de la cultura japonesa que respeto, admiro y hasta trato de incluir en mi vida. Los mismos aspectos que cautivaron mi pasión por este país incluso antes de conocerlo y muchos otros mas que he aprendido a consecuencia de vivir en esta isla. Pero asimismo hay otras particularidades de la cultura japonesa que, aun cuando las respeto, no las comparto. Indudablemente, una de las grandes lecciones que Japón me ha enseñado a lo largo de estos años es la “tolerancia”. Tolerancia a lo diferente. Japón es diferente. Ni bueno ni malo, simplemente distinto a lo que uno esta acostumbrado. Es imposible aceptar todo lo que Japón ofrece porque uno no nació con el formato japonés en la cabeza y, por lo tanto, siempre van a haber cosas con la cuales uno abiertamente no va a concordar. Los puntos de desencuentro están, pero una de las formas que al menos yo encontré para convivir con ellos y, de alguna manera, volverlos en mi favor, es dejar de cuestionarlos, abandonar el tratar de entenderlos y tomarlos y respetarlos por lo que son, sabiendo que en “esos” puntos en particular, Japón y yo no vamos a poder conciliar jamás. No se trata de ignorarlos sino de “dejarlos ser”. Una vez que los “deje ser”pude valorar mas aquellos puntos de contacto que comparto con Japón y concentrarme mas en aquellas cualidades que de corazón desearía adoptar para mi vida pues considero me harían una mejor persona. Otra de las grandes lecciones que Japón me ha enseñado es “paciencia”. Mi imagen de Japón es la de un gigante, enorme, de movimientos casi imperceptibles pero incesantes. En Japón todo tiene su tiempo y su lugar. Las cosas no pueden ser apresuradas ni demoradas mas de lo que deben ser. Los objetivos se cumplen en tiempo y forma y una vez cumplido un objetivo inmediatamente se pasa a trabajar en el siguiente. No ha sido fácil ajustar mi reloj al de Japón pero la paciencia que he adquirido seguramente me ha sido redituable en muchos aspectos de mi vida. Estoy actualmente cursando mi segundo año de Master de la Facultad de Agricultura en la Universidad de Kyoto. Sé perfectamente que estoy en unas de las universidades consideradas “elite” y ese ha sido siempre un incentivo adicional para poner un esfuerzo extra en mi trabajo. Siento que mi dedicación es reconocida y que tengo libertad para profundizar aquello que me interesa, como asimismo reconozco que siempre hay lugar para “mas” lo que honestamente me hace sentir muy cómoda para llevar adelante mis estudios. Estoy actualmente escribiendo mi tesis de Maestría y trabajando en un paper el cual, Dios mediante, se transformaría en mi primer paper publicado. Es muy claro el objetivo que vine a cumplir a Japón: crecer no solo académica y profesionalmente sino también como persona. Japón me esta abriendo las puertas al conocimiento de un mundo externo impensado y extremadamente enriquecedor, pero por sobre todo esta abriendo puertas internas que me llevan a redescubrirme como persona y que ya están haciendo de esta una experiencia de vida inolvidable. Pero no todo es merito propio. Hubo y hay mucha gente que comprometió, se jugo y aun se juega en permitir la continuidad de mi estadía en este país. Mucha gente a la cual estaré de por vida agradecida por haberme presentado ante semejante oportunidad. Siento que aun hay mucho mas por descubrir, aun tengo mucho más para dar y mucho mas para tomar de este Japón tan exótico y tan cotidiano como se me presenta a los ojos cada mañana cuando miro por mi ventana. Y de una cosa estoy segura, siempre voy a dar lo mejor de mi para cuando algún día mire atrás, recuerde estos años como uno de los mas enriquecedores de mi vida.

 
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